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Nuestro propio nombre

Las principales líneas de la futura Ley del Juego fueron dadas a conocer por la vicepresidenta segunda y ministra de Economía y Hacienda el pasado día 17 de septiembre, y de las múltiples cuestiones que aborda la nueva regulación del sector, la palabra más citada en nuestro entorno es la de “pública”, que también puede cambiarse por la de “estatal”. La conversión de Loterías y Apuestas del Estado en una empresa pública o sociedad estatal supone probablemente el cambio más importante realizado en la historia de esta Entidad y en su ámbito de actuación.

Para ser exactos, habría que decir que es el cambio más importante hacia el futuro, no respecto del pasado de LAE, que es extenso e intenso en modificaciones y reorganizaciones. Los cambios que surgen en razón del pasado suelen ser para cambiar ese pasado. En este caso, orgullosos del pasado, la importancia del cambio es por el futuro, para conquistarlo desde nuestra capacidad de hacerlo y la seguridad de que se puede hacer.

El futuro es un nombre propio, aunque el futuro nunca parezca totalmente definido. Pero conocemos por dónde camina ya desde hace varios años: más apertura, más competencia, más negocio, menos restricciones… A veces se pretende cambiar el futuro, que sea diferente, para así no tener que cambiar el presente. A veces, el futuro, más que miedo, da pereza. Pero el futuro no es algo que sea lejano en el tiempo. Cada minuto nos acercamos más a él, se acorta la distancia y el tiempo de prepararnos para estar ahí. Y es ese futuro el que hay que empezar a conquistar desde ahora, no luego, corriendo detrás de otros que quieran vencer en la carrera.

Convertirse en empresa pública, en sociedad estatal, implica un cambio en los aspectos jurídicos que rigen la Entidad. Pero el cambio fundamental, incluso en una empresa privada, es cuando se cambia el objeto social, la misión por la que nació la sociedad o el cambio de lo que quiere hacer en ese futuro. El papel del Estado, cuando está presente en sectores de actividad, es gestionar el interés general y definir el marco común, de lo público y lo privado, sin pretender sustituir el papel de la iniciativa privada o resguardar bajo un paraguas llamado Estado lo que el propio Estado nos exige como gestores de sus intereses, en este caso en el sector del juego: prepararnos para poder seguir siendo los mejores en un terreno que cambia en lo técnico, en lo comercial, en la oferta… e incluso en el modo de relacionarnos con nuestros clientes.

En este caso, la actividad de la nueva sociedad pública que será LAE mantendrá esa labor de gestionar los juegos de Estado, los juegos de carácter público. Y es esa labor la que define lo que LAE será en el futuro inmediato; nuestro nombre propio (Loterías del Estado), a qué nos dedicamos –como actividad que la nueva Ley asegura– y qué somos como empresa: estatales y públicos.

Si, como está anunciado, Loterías del Estado deja de ser juez y parte, regulador y operador de juegos al mismo tiempo, es más coherente ser una empresa pública que un ente administrativo, cuando lo que nos obligaba a serlo ya no será competencia nuestra. Esa separación es buena para el sector y para LAE, porque tenemos capacidad para competir en el marco legal que se abre y soltar amarras funcionales y comerciales que nos autolimitaban, pese al éxito. Y la fortaleza de la historia de LAE debe valorarse como una palanca para el impulso, no puede convertirse en el palo de nuestras propias ruedas.

En esta edición de lae.com se incluye información sobre otras empresas públicas en las que podemos mirarnos en cuanto al modelo; información que nos ayudará a comprender cómo y cuánto nos beneficia ese nuevo escenario de actuación profesional y económico, e incluso podrá despejar alguna incógnita sobre el futuro y nuestro propio nombre.

 

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